Frontpage Slideshow | Copyright © 2006-2011 JoomlaWorks, a business unit of Nuevvo Webware Ltd.

Contador de Visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy1896
mod_vvisit_counterAyer3352
mod_vvisit_counterEsta semana8736
mod_vvisit_counterLa semana pasada35132
mod_vvisit_counterEste mes111333
mod_vvisit_counterMes pasado154696
mod_vvisit_counterTOTAL2751673

Hoy es: Abr 23, 2014

NUESTROS TWEETS

Siguenos en:

  • Facebook: pages/Tribuna-de-Quer%C3%A9taro/251676648211051
  • Twitter: @tribunaqro
  • YouTube: user/tribunadequeretaro

Armisticio

Lunes, 28 de Noviembre de 2011 01:57

Por Ricardo Rivón Lazcano

 

“Otra decepción espera al hombre moderno: creerse único y descubrirse corriente” (Pascal Bruckner).

“Conozco a un inglés, decía Goethe, que se ahorcó para no tener que vestirse cada mañana”.

“No podría tener ninguna profesión en este mundo a menos que se me pagara en función del descontento que siento hacia él” (Joseph Roth).

Céline: “Todos los demás son culpables, salvo yo”.

“¿Cómo mantener la democracia si una mayoría de ciudadanos aspira al estatuto de víctima aun a riesgo de ahogar la voz de los verdaderos desheredados?”.

 

El puro azar, ningún oráculo. Abrí el libro recién adquirido vía obsequio en la página adecuada. José Emilio Pacheco, selección de poemas 1985/2009. Día nacional del libro, 12 de noviembre de 2011. Ejemplar de obsequio.

No, no voy a permitir que sucumban ante la estupidez. No soy chivo expiatorio de nada. Reclamo, eso sí, a quienes traicionaron la tradición del grupo, la regla democrática de mayoría. Traicionaron, traicionaron, traicionaron. Jamás argumentaron cosa razonable. La pura entraña envenenada. Desvergonzados amenazaron: pueden pasar cosas. Y pasaron. De dónde sacan tanta pulcritud moral si no de la fiebre del complejo y del delirio. Superioridad ninguna cuando el origen es la traición. Jugaron y ganaron pero arrastran los jirones del mal jugador.

Durante mucho tiempo combatimos sin vernos las

Caras. Ellos eran los otros, los enemigos. Los

veíamos caer o volar en pedazos. Sus proyecti-

les nos daban muerte o nos mutilaban. Nuestras

relaciones sólo tenían tres nombres: miedo,

odio, desprecio.

El complejo del cruzado. Se puede engañar, flagrancia mentirosa, encajar la daga por la espalda o el costado. Se puede ser inocente como Pilatos y mantener la frente en alto como si la postura fuera la esencia, pero las palabras quedan en el aire como grabadas en piedra. La rueda de prensa para mentir con el serpenteo de lo verosímil. Machacar una y otra vez para convencer(se) de la rectitud. Aferrarse a la creencia, a la veta de la auto justificación, al delirio del cruzado. El sufrimiento del otro no existe porque simplemente no es humano. El eterno retorno de la traición. No voy a dejar que sucumban a la estupidez. El juego tiene reglas y dicen que son las de la guerra y el armisticio es una de ellas.

Hoy se ha firmado la paz. Arrojamos las armas,

avanzamos por lo que fue la tierra de nadie.

Vemos las líneas de trincheras, los escombros,

las fortificaciones, los despojos. Los otros salen

a nuestro encuentro con la mano extendida para

mostrar que no ocultan armas.

Estaba la carpeta de las pruebas irrefutables que nunca vieron la luz viva sino sólo la penumbra de la credulidad. El juicio demoledor, la descalificación elaborada por una mente con grado máximo de estudios pero con analfabetismo máximo cultural ¿José Emilio Pacheco? ¿Quién es ese? Y no, no voy a dejar que sucumban ante la estupidez de la supremacía verborreica. Desde la gran teoría de los seres obscuros versus los seres de luz. La autorización teológica vulgar de preguntar al espejo. Coincidencia física, choque de intestinos, ausencia intelectual. Enfermedad con dos rostros: el infantilismo y la victimización. El infantilismo como la transferencia al seno de la edad adulta de los atributos y de los privilegios del niño, no asumir responsabilidades y sólo exigir derechos. Si alguien debe cumplir con las reglas, con la totalidad de las reglas, son los otros.

Alegría, asombro, reconocimiento. El enemigo

no es un monstruo. Posee como nosotros una

cara, un nombre, una historia que no existió

antes ni se repetirá. Tiene padres, mujer, hi-

jos, amigos, un pasado, un porvenir, un dolor,

una vergüenza y cuando menos un recuerdo

de dicha.

Estaba la amenaza, pero al suponer que no es de muerte pues no debe ser tomada en cuenta. Ah, y la amenaza, el te voy a desaparecer, te voy a destruir, no admite el beneficio de publicidad porque atenta contra los buenos sentimientos de las buenas conciencias que sólo buenamente amenazan. Pero son asesinos que creen saber jugar el juego. Cobardetes, dijo el primer coordinador de la vida. ¿Dónde está tu cara? ¿Por qué tanto dile y dile? La amenaza y el contexto, los padres y los hijos. Por qué desestimar. Si uno te amenaza es una cosa “pasable”; si otro amenaza es un acto criminal. Que fracase la inteligencia no es perdonable cuando hay manera de impedirlo.

Trágico error la guerra. Somos hermanos. Con ser

tan distintos nos parecemos tanto. Brindamos

con aguardientes miserables. Intercambiamos

raciones agusanadas. La fraternidad les da sa-

bor de ambrosía. Nunca más, nunca más volve-

remos a entrematarnos.

Dar vuelta a la hoja como ejercicio de simulación. Vuelta a la hoja pero quedarse con el texto en la memoria. Cada cerebro es un mundo, cada lector un cerebro, cada lectura otro mundo. Mundo limitado. El mismo libro, la misma realidad, tantas lecturas limitadas. A qué sabe el miedo, nadie declara pero lo trae atorado. Algunos chiflan como niños en la obscuridad, otros se convierten en fieras diabólicas, hocicos babeantes, malolientes. Y no, no soy chivo expiatorio de nada. El juego es de cientos y miles, pero sólo algunos juegan desde el narcisismo; desde el “yo hago ganar” o del “yo hago perder”, esto es, juegan el juego de la doble estupidez.

De vuelta a casa, quienes nos esperaron y nos en-

viaban al frente regalos y cartas alentadoras se

nos muestran hostiles. Sentimos que nos repro-

chan haber sobrevivido y nos preferirían muer-

tos y heroicos.

Y llega el armisticio y se tambalea el futuro. ¡Cómo es posible! Dice el neurótico que pretende ejercer los derechos que cree tener por la importancia que se atribuye a sí misma, importancia construida a base de preguntas y respuestas en una espiral de autoimagen. Mientras que los demás ven y reconocen lo que simplemente es, lo que simplemente son. El gato de la autocrítica por la liebre de la autocomplacencia. La cal y la arena en porciones caprichosas.

¡Ah!, la victimización, esa tendencia de ciudadano(a) mimado del paraíso capitalista, de la oferta y la demanda donde se es gran y atractiva mercancía, concebirse según el modelo de los pueblos perseguidos. Para que el tercer mundo fuera inocente, era necesario que Occidente fuera absolutamente culpable. Ya nadie está dispuesto a ser considerado responsable, todo el mundo aspira a pasar por desgraciado, aunque no esté pasando por ningún trance en particular.

Todo nos separa. Ya no tenemos de qué hablar.

Donde hubo afecto hay resentimiento, rabia

donde existió gratitud. Los mismos a quienes

creímos conocer de toda la vida se han vuelto

extraños. Qué desprecio en sus ojos y cuánto

odio en sus caras. Los nuestros son los otros

ahora. Cambia de nombre el enemigo. El campo

de batalla se traslada.

Y se dijo y se escuchó bien. Nadie, según la regla, ganó. El diálogo construyó sumando voluntades. El nuevo conductor es reconocido. Los opositores le deben lealtad porque a la institución se la deben. Así sea dicho en tercera o primera persona, del plural o singular, la red humana es la misma. No al nunca faltan los reventadores.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

@rivonrl

  joomla templateinternet security reviews
University template joomla by internet security review