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Reforma educativa y evaluación

Domingo, 02 de Junio de 2013 17:10

Por: Ángel Balderas Puga

Discutir la reforma laboral que se quiere hacer pasar por reforma educativa es vital, sobre todo para los que nos dedicamos a la educación y más cuando se liga la permanencia en el empleo al resultado de tres exámenes y no de verdaderas evaluaciones.

 

Según datos de la SEP, el total de profesores activos en nuestro país es de un millón 800 mil (Proceso, 15/05/13), incluyendo a los profesores del nivel superior, que son una franca minoría con respecto a los de profesores de primaria, secundaria y nivel medio superior, que es a los que –por el momento– se pretende aplicar la evaluación ligada a la permanencia en el empleo.

En países como Suiza, justamente, se asigna la importante tarea de evaluar a los profesores a verdaderos especialistas tanto en didáctica específica como en didáctica general. Estos especialistas son investigadores, doctores y maestros especializados egresados de posgrados de educación general o específica. ¿De dónde va a sacar México el número suficiente de expertos para esta tarea importante? Es una flagrante contradicción que, durante décadas, nuestros gobiernos han despreciado los posgrados en educación (pidiendo requisitos casi imposibles de cumplir, no asignando recursos suficientes, sin hacer la necesaria promoción, sin valorar a los egresados, etcétera) y que ahora se necesite tanto de expertos en evaluación del trabajo docente.

Pero además, en Suiza, se hace una verdadera evaluación del trabajo docente, en sitio. En este caso, el experto asiste a varias clases estándar del docente y evalúa no sólo el conocimiento de un tema sino también la interacción con el grupo, el manejo de recursos didácticos de acuerdo al contexto, la o las metodologías usadas por el docente, la promoción del aprendizaje en los alumnos, etcétera, y no la vacilada de “evaluación” que se pretende imponer en México y que se reduce a un conjunto (muy pequeño) de exámenes. Aunque no lo quieran decir de manera explícita, los promotores de la mal llamada “reforma educativa” le apuestan a vulgares exámenes estandarizados para poder aplicar y calificar exámenes a más de un millón y medio de docentes.

Los exámenes estandarizados, un fracaso

La mejor muestra de que los exámenes estandarizados son un verdadero fracaso y que realmente no miden ni siquiera el conocimiento es el caso de un panadero brasileño semianalfabeto que apenas estaba aprendiendo a leer y a escribir y que, sin embargo, acreditó el “durísimo” examen de admisión de una de las universidades privadas brasileñas más prestigiadas, la Estácio de Sá, que cuenta con más de 60 mil estudiantes (El Clarín, 13/12/01). El panadero semianalfabeto contestó un examen estandarizado de opción múltiple, totalmente a caso y obtuvo la novena mejor calificación en dicho examen. Si hasta un analfabeta puede acreditar un examen estandarizado de opción múltiple (contestando totalmente a caso), ¿qué garantía se tiene que dicho tipo de exámenes evalúan verdaderamente?

Los exámenes estandarizados fueron introducidos en Texas por George Bush cuando fue gobernador de ese estado y ya en la presidencia de los Estados Unidos impulsó su extensión a todo el país. Es necesario recordar que George Bush llegó a la presidencia de los Estados Unidos mediante un fraude electoral y que se reeligió también mediante otro fraude electoral. Además de un soberano ignorante, Bush era (o es) alcohólico.

Sin embargo, luego de más de una década de aplicación, crece el rechazo a los exámenes estandarizados en los Estados Unidos, se rebelan no sólo los maestros sino también los padres de familia y hasta autoridades locales (La Jornada, 10/02/13). Al igual que en nuestro país, ese tipo de instrumentos de “medición” del conocimiento son impulsados por ignorantes de distintos tipos: políticos (como George Bush o nuestros actuales diputados), empresarios (como “Mexicanos Primero”), conductores de televisión (los menos indicados para juzgar la calidad de otros, dados la basura que transmiten, en nuestro país, las televisoras privadas) y otros corifeos que sólo aplauden y consienten sin saber de qué se trata el asunto.

En Estados Unidos cuando ya se cuestionan fuertemente los exámenes estandarizados, incluso por la National Education Association y la American Federation of Teachers, y por expertos en educación, en nuestro país, los ignorantes los ven como la panacea de la “evaluación”, los admiten y los promueven acríticamente, creen firmemente en sus resultados y toman decisiones con base en ellos.

En Texas, incluso, el comisionado estatal de Educación, Robert Scott cuestionó la validez del sistema de exámenes estandarizados aplicados por el estado, en febrero de 2012, declarando que se habían convertido en “una perversión de su intención original”.

Ahora resulta que hasta la OCDE, la principal promotora de los exámenes estandarizados en nuestro país, cuestiona que los maestros y las escuelas se dedican a preparar a los estudiantes para que “pasen” el examen y no para garantizar aprendizajes significativos y el desarrollo de competencias culturales superiores. Sólo ahora se dan cuenta de lo que muchos ya sabíamos, incluso antes que se implementaran dicho tipo de exámenes.

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