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La nueva boleta oficial de calificaciones para primaria y secundaria, mini muestra del desastre educativo en México

Domingo, 21 de Agosto de 2011 19:48

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

En la pasada reunión del Movimiento por una Educación Popular Alternativa (MEPA), reflexionamos sobre la imperiosa necesidad de promover, en todos lados, la reflexión colectiva sobre el desastre al que está siendo conducida la educación mexicana… y con él, la pérdida de la esperanza de las nuevas generaciones… y con ella, la inviabilidad de recuperación de nuestro país.

En eso mismo estaban pensando otros grupos: El número anterior de Tribuna de Querétaro trató este tema; antes, la Asamblea Estatal de Trabajadores de la Educación de Querétaro (AETEQ) tuvo un taller y, el martes, la maestría en Ciencias de la Educación de la UAQ organizó el foro “Educación a debate” (homónimo del espacio www.educacionadebate.org, de la Red por la Rendición de Cuentas, en la que participa Manuel Gil Antón, del Colmex, uno de los ponentes).

Mientras tanto, anduvo circulando por Internet el formato oficial de la nueva boleta de calificaciones de primaria y secundaria. Lo que se anota en sus primeras hojas, parece “normal” y muchos no le dimos importancia. Más tarde descubrimos algo verdaderamente increíble (¡la SEP no deja de sorprendernos!): sus últimos recuadros, el manual de procedimientos y el instructivo de llenado.

Hay mucho que discutir al respecto. Sólo tocaré aquí, someramente, un aspecto sobre “evaluación” de la lectura (entre comillas porque no evalúa nada). Algunos textos de la boleta y manual dicen:

“Se implementó un área en donde los docentes registrarán en cuatro momentos del ciclo escolar (Diagnóstico, Noviembre, Marzo y Final) los resultados de la medición de las tres habilidades de lectura: Velocidad de Lectura; Comprensión Lectora; Fluidez Lectora”. (El exceso en el uso de mayúsculas en nombres comunes es de la SEP).

“El propósito de incluir la valoración de la Competencia Lectora en la boleta de evaluación, tiene como único fin de que los padres de familia o tutores periódicamente dispongan de la información que les permita coadyuvar con el docente en la implementación de acciones para fomentar el desarrollo de las habilidades de lectura (velocidad, comprensión y fluidez)…” (Las negritas son del original).

No tocaré el tema de la comprensión, por su complejidad. Sólo el de la velocidad de la lectura en voz alta, definida como: “… la habilidad del alumno para pronunciar palabras escritas en un determinado lapso de tiempo intentando comprender lo leído. La velocidad se expresa en palabras por minuto”.

Antes de que apareciera esta boleta, la SEP circuló un folleto para los padres de familia, invitándolos a apoyar a sus hijos para elevar dicha velocidad. Los “niveles de logro” o “indicadores de desempeño observables y medibles de manera objetiva”, dependen de cuántas palabras por minuto logran pronunciar los chicos: “Avanzado: 99 p/m; estándar: de 85-99; se acerca al estándar, de 60 a 84; requiere apoyo: menor de 60”. Luego se hace una estandarización más fina según el grado:

“Se incluyen los Estándares Esperados de Velocidad de Lectura por grados, para que los padres de familia o tutores tengan un referente de comparación entre los valores esperados y los que obtengan sus hijos en cada medición” (…) En otro apartado dice: “Se propone que los padres y madres, familiares o tutores, dediquen 20 minutos diarios a leer con sus hijos(as). Para mayor información sobre los estándares nacionales de Competencia Lectora, puede consultar la dirección electrónica www.leer.sep.gob.mx”.

Seamos justos, la SEP aclara que “no se trata forzosamente de obtener los valores máximos en fluidez y velocidad en todos los alumnos, sino al menos el mínimo suficiente de acuerdo con el grado escolar y buscar la mejora continua. El énfasis fundamental radica en lograr el máximo posible en la comprensión lectora de cada uno de los estudiantes”. También indica que “el resultado de las mediciones no deberán condicionar por sí mismas la promoción de grado.”

Estas explicaciones, sin embargo salen sobrando, cuando uno reflexiona sobre lo que implica seguir las consignas. No se necesita ser psicolingüista para comprender que esto es una soberana estupidez. Basta con hacerse la más elemental PREGUNTA SOBRE EL SENTIDO o con experimentar, contando cuántas palabras puede uno pronunciar por minuto en voz alta y qué obtiene con eso.

Quienes son especialistas, observan no sólo serias confusiones conceptuales en esta solicitud, sino una crasa irresponsabilidad con graves consecuencias. La confusión viene de constructos pseudo-científicos (típicos de la comercialización educativa), atrapados en una obsoleta concepción de “lectura igual ha descifrado, letra por letra”: Si un niño pronuncia en voz alta el fonema de cada grafía, tendrá serios problemas de comprensión. No es lo mismo “P-E-R-R-O”, que “perro”. En el primer caso, los fonemas sueltos no se entienden, en cambio, en el segundo, la pronunciación rápida, logra articular todos los fonemas ¡y entonces se entiende!

Esta “conclusión”, sin embargo, ha sido más que discutida. En el enfoque del Lenguaje integral, (Smith o Goodman), se plantea que, en lugar de fonetizar, hay que aprender a captar las palabras globalmente, como un todo, leyéndolas como logogramas (nada que ver con la lectura en voz alta, que tiene otra lógica). Otros enfoques: la Psicogénesis de la lengua escrita de Emilia Ferreiro o la Didáctica constructivista sociocultural de la Escuela Francesa, etc., explican otras cosas, que no expongo, por falta de espacio.

Tampoco se requiere ser antropólogo para entender la enorme dificultad de los padres de familia para apoyar a sus hijos o entrar a la página web, buscando mayor información, como la SEP espera, cuando la mayoría vive dramáticos niveles de pobreza. Una amiga, madre soltera, sin formación superior, al ver el folleto promocional, me decía: “Pero éstos sí que están operados del cerebro… Dan vergüenza ajena. Para qué sirve leer rápido en voz alta. Además, ya parece que me voy a poner a contar palabras con reloj en mano. Cuando llego de trabajar, lo que me interesa es que mis hijos merienden, se bañen y se duerman. Cuando les leo cuentos, es absurdo leer rápido; lo que hay que dar es emoción y efectos especiales” (fluidez, según la SEP).

Aunque varios padres de familia tengan su sentido común y su capacidad crítica a salvo de las deformaciones escolares, lo cierto es que muchos otros, menos reflexivos, caen en el juego, sólo por ser la SEP, la autoridad oficial. Su participación, entonces, no será para “coadyuvar con el docente”, sino para exigirle, muchas veces groseramente, que llene las boletas y dé seguimiento puntual al “avance”. La exigencia será mayor (como mecanismo de defensa), bajo la enorme presión y frustración que sienten, cuando sus hijos no dan el ancho. Por experiencia saben que es falso eso de que “no se les condicionará la promoción” por su mal desempeño.

No se requiere ser pedagogo para comprender que un maestro de un grupo numeroso (obligado a trabajar dando clases doble turno; presionado por tanta burocracia, en el trabajo cotidiano, la carrera magisterial y todos esos programas extra en los que su escuela participa para conseguir mayor apoyo financiero), se verá en un serio lío, si trata de hacer ¡niño por niño! lo que la SEP le pide.

Detrás de la absurda obsesión medidora de la cúpula SEP, hay un vergonzoso contubernio con la cúpula SNTE. Mientras sus negocios particulares, encargados de hacer todos esos minuciosos y absurdos diseños parametrales reciben enormes sumas del erario público, muchos empleados, engañados, trabajan como negros, PRODUCIENDO BASURA, y en los microespacios educativos, entre los maestros, padres de familia y alumnos suben los niveles de ansiedad, de frustración y violencia de todos contra todos, para justificar su “ineptitud” y desviar la “culpa” hacia el otro.

Para colmo, el maravilloso placer de la lectura, que podría salvar a los niños de la depresión, del terror, de la nausea y del sinsentido, que ocasiona la vida que ahora tenemos, queda con esto desterrado para siempre de la escuela.

 

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