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Me hice fuerte en prisión: Jacinta Francisco Marcial

Domingo, 07 de Agosto de 2011 22:52

Por Miguel Tierrafría

Santiago Mexquititlán, Amealco.- Su estancia en el penal de San José el Alto la hizo creer que estuvo en un sueño. Su risa destella el optimismo a pesar de las circunstancias a las que estuvo sometida durante tres años, sin embargo su mirada cabizbaja al conversar con su hija en el idioma ñañho, intenta dar respuesta a lo ocurrido, reflexionar sobre aquello que le cambió la vida.

“Pues eso nunca se le va olvidar a uno porque se le queda grabado en la mente, todo lo que pasó cuando me llevaron, yo no podía creer que estaba en la cárcel y ahorita que estoy afuera no puedo creer que estuve los tres años”, expresó Jacinta Francisco Marcial, una de las tres indígenas otomíes que fueron encarceladas por el presunto secuestro de agentes federales.

Originaria del pueblo otomí de Santiago Mexquititlán (en el municipio de Amealco), Jacinta ha tratado de salir adelante (con ayuda de su familia y amigos cercanos) después de la situación en la que se vio involucrada junto con Teresa González Cornelio y Alberta Alcántara Juan en donde fueron sentenciadas durante tres años por el secuestro a seis agentes de la AFI (Agencia Federal de Investigaciones).

Este incidente ocurrió el día 26 de marzo de 2006 donde agentes se presentaron para efectuar un operativo contra la piratería. Hubo tumultos y protestas por parte de los comerciantes que presentaron una negativa ante aquellos, debido a que no portaban una identificación que los acreditara como agentes.

Estar en el lugar equivocado fue su error. Jacinta se encontraba cerca del lugar donde se presentaron los hechos y el tres de agosto de 2006 personas acudieron a su domicilio para llevarla a comparecer ante los hechos ocurridos. Posteriormente fue presentada como una de las involucradas en el “secuestro” de los seis agentes de la AFI junto con Teresa González y Alberta Alcántara.

El 19 de diciembre de 2008 fueron sentenciadas a 21 años de cárcel. Un tormento de tres años encarcelada en el penal de San José el Alto fue lo que vivieron las tres indígenas de origen otomí.

Después de que la PGR no tuviera pruebas suficientes para condenar a las tres indígenas, en septiembre de 2009 Jacinta, Teresa y Alberta pudieron respirar el aire de la libertad, una libertad arrebatada por ser víctimas de un sistema de justicia deficiente.

Ahora Jacinta ve lejano aquel episodio que marcó su vida. Haber pasado por esa amarga experiencia la hizo aprender sobre diversas cosas, entre ellas, el miedo.

“Los tres años que estuve ahí aprendí algo sobre cómo es el derecho, como es para defenderse o hablar o decir que no tengamos miedo, porque ya ve que aquí somos de los pueblos indígenas y ya ve que la mayoría tenemos miedo y a veces por el miedo muchos no quieren hablar, entonces en ese caso yo también no quería que supiera alguien, pues por el miedo que uno tiene”, señaló.

 

“Los habitantes me apoyaron, aunque siempre estuvo latente el miedo”

Jacinta aseguró que en todo momento tuvo el apoyo incondicional de su pueblo natal, Santiago Mexquititlán, aunque admitió que el miedo estuvo latente por la incertidumbre de que más indígenas otomíes fueran encarcelados.

“De la gente pues creo que muchos sí querían apoyarme, me apoyaron mucho, pero tenían miedo porque no sabían qué iban a hacer por el caso. Muchos decían que se iban a llevar a la gente, que van a venir por más y en una de ésas la mayoría de mi familia… Entonces ya después se podría decir que había personas que llegaban solas a preguntar qué podían hacer o en qué te podían ayudar y ya muchos no sabían cómo apoyar, cómo ayudar.

“Unos aunque sea lo poquito que tuvieran 10 ó 15 pesos para el pasaje los primeros días, pero ya después nada más el apoyo de firmar (cartas de liberación)”.

 

“Cuando estábamos recorriendo los seis barrios, vinieron por mí”

Su familia fue el principal pilar de apoyo ante la situación que le tocó vivir. Muchos de sus parientes se vieron en la necesidad de esconderse, porque aunado al encarcelamiento de Jacinta, uno de sus familiares también fue involucrado en el secuestro de los seis agentes.

“Al año que yo fui también uno de mis familiares fue a la cárcel, se lo llevaron por una semana y pudo salir antes porque ya sabían más o menos cómo hacer para sacarlo antes, entonces mi familia tuvo miedo y se escondieron, se fueron y ya hasta después se vinieron y cuando pudieron, hablaron con la gente”, aseveró Jacinta.

Las heridas aún no han cicatrizado para Jacinta. Su semblante refleja una entereza, sin embargo, su mirada refleja que son cosas que no se olvidan fácilmente. No obstante, ella señala que lo que le ha pasado son pruebas que Dios le impone para hacerla más fuerte.

A pocos meses de que Jacinta fue liberada, una nueva tragedia cimbró su vida: la muerte de su hijo de 20 años en un accidente, un suceso por el cual Jacinta y su familia decayeron en su ánimo por seguir adelante.

Además de su familia, su fe y devoción que se refleja en sus peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe y Atotonilco, la han impulsado a continuar con su vida.

“A la Basílica llevo yendo 10 años, llevaría 13 pero los tres años en la cárcel no me dejaron. Yo desde niña he hecho la peregrinación allá (Atotonilco, Guanajuato). Cuando estábamos recorriendo los seis barrios fue cuando vinieron por mí para llevarme a la cárcel, acababa de llegar a mi casa cuando ya estaban aquí, esperándome”, recordó.

 

Las ganancias de la paletería ayudarán a solventar deudas

Al cuestionarle sobre la actividad a la que se dedica, ella señaló que planea mejorar su paletería con algunos insumos y maquinarias que le permitan solventar los gastos generados por concepto de abogados.

“Metimos un proyecto para la paletería (proyecto de 10 mujeres) y pues ahorita estamos viendo eso. Es para mejorar la paletería y poder abrir. Hace un año metimos esa solicitud para que nos dieran para comprar de a poquito. Es para sacar y poder pagar lo que debemos de los abogados; entonces por eso quise meter esa solicitud del proyecto”, explicó.

Similar a la historia del personaje bíblico Job, quien tuvo para sí retos para confirmar la fe en su Dios, Jacinta está convencida de tener una historia con tintes que se asemejan. Lo que le ha sucedido en poco tiempo representa para Jacinta pruebas de fe que Dios le ha impuesto para poder superarlas.

Poco a poco ella ha tratado de hacerlo y a manera de reflexión aseguró que las enseñanzas que ha tenido de lo sucedido a su persona deben servir para enseñar a los demás, para ayudar a otras personas y salir avante.

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