Periódico semanal
editado por la Facultad de Ciencias Políticas
y Sociales de la
Universidad Autónoma de Querétaro.



| ¡Torito, te traigo una tutsi pop para que dejes de llorar! |
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| Jueves, 08 de Julio de 2010 00:52 |
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Jacobo Pichardo Otero Hijos que negamos al padre, hijos ciegos que olvidamos el lazo sanguíneo, pero que vivimos en la vecindad que nos heredó en Ustedes los ricos. Somos los mexicanos la tragicomedia que fue Pepe el toro. Y es que como a él, también se nos achicharró el chamaco, nos lo chamuscó el enemigo de la película pasada: Argentina (Alemania 2006 igual a Nosotros los pobres). Se nos murió el Torito entre las manos y tanto que lo queríamos ver campeón y tanta felicidad que nos daba. ¡Oh, vivamos el melodrama que vivió nuestro padre! En la glorieta de Reforma de la Ciudad de México, un hombre se ríe a carcajadas mientras escucha el Cielito lindo, aprieta contra su pecho la bandera nacional, se ríe de la tragedia que acaba de provocar Carlitos Tévez y el Tuerto de Maradona. Un segundo después, frente a la cámara de Televisa se desmorona y rompe en llanto: “¡Toritoooo, toritoooo!” Llanto, puro llanto que parece carcajada. Y así queda demostrado en un video que capta el Universal TV, donde una mujer llora por la ingratitud de los aficionados que no apoyan en la derrota. Reclama que no estén presentes los compas del barrio, aquellos que acompañan en las buenas y hoy, en las malas, parece se han ido a guardar en sus casas. “Es que es feo, que por qué siempre que gana México todo el pueblo está con él y ahora que desgraciadamente perdimos lo dejan solo”, dice la compungida mujer. Hasta parece justo el reclamo de la contemporánea Tostada, hace mucho que el pueblo abandonó a México en sus derrotas: la crisis, la corrupción, la injusticia, el narco. Pero no sólo en el Ángel se da la chilladera, los vecinos de quien esto escribe lloran la derrota, se martirizan escuchando al que puede ser un pariente lejano, Juan Gabriel: “Y muy tarde comprendí, que no te debí de amar porque ahora pierdes tri, más que ayer”. Me los imagino luego de la borrachera de mediodía encerrados en sus cuartos llorando a solas la tragedia, y afuera sus respectivas Chachitas repitiéndole a sus abuelas tan memorables líneas: Se la ha pasado toda la noche gritando y maldiciendo no quiere ver a nadie, habla con el Chicharito como si estuviera vivo (en el Mundial), quiere morirse con su equipo. Los que también lloraron fueron aquellos atarantados que se desprendieron de su reloj y demás objetos de valor para comprar una pantalla- peineta para ver jugar al representativo nacional (éstas se vendieron como pan caliente en todos los supermercados). - ¡Chachita te cortaste el pelo! De nada sirvió la compra, la selección se cortó las greñas muy pronto. Para ver novelas una pantalla no sirve, para ver a López Dóriga, tampoco. Sin embargo, el melodrama no sólo está compuesto por la tragedia, hace falta el odio y la traición; y por qué no, la resignación. Tras llorarle largo rato al Torito, había que buscar culpables. Si antes los aficionados querían morirse por su equipo, ahora lo primordial era buscar culpables, y esos eran muy fácil de encontrar y odiar; los enemigos dormían en casa: El Guille, el Vasco, Osorio, el Bofo. “Guillermo Franco es un inútil, un estorbo; Aguirre, un necio, torpe, falto de visión, sólo le gusta el dinero y no la camiseta; Osorio traidor a la patria, un defensa que se puso nervioso, le quedó grande el partido; el Bofo es el más incompetente, no sé cómo pudo jugar”, se podía escuchar entre los aficionados. Los más dolidos amenazaron: ¡Aguirre, cabrón, ni se te ocurra regresar a México! Aunque el odio dura lo mismo que un suspiro y eso nos lo enseñó también Pepe el Toro, lo más importante es la resignación y el ver hacia delante. Eso quedó bien clarito con el conformismo optimista del mexicano, ni modo ya será para la otra, ya será para el 2014 en Brasil. Otra vez el llanto se vuelve risa. No hay que pensar en lo que perdimos, sino en lo que ganamos, aunque lo que ganamos sea más de lo mismo. Dice la Chorreada ‘Dios nos quitó uno pero nos mandó dos’. Argentina nos robó la ilusión pero nos dejó dos muy buenas esperanzas: El Chicharito y Pablito Barrera, esa es la ganancia, pedir más sería vanidad. El futuro de la Selección y de los aficionados será el de Pepe el Toro: sufrir con el moco escurriendo y pegados a la pantalla con el rosario entre los dedos por el resto de los días. Como cantaban la Guayaba y la Tostada, “esta vida es para sufrir”. El futbol también. En México todos somos Pedro Infante, nacos de clóset que lloramos por las alegrías y cantamos por las tragedias. En el futbol no busquemos alegrías, ahí ¡mejor ni le buigas! Que corran los créditos.
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