Periódico semanal
editado por la Facultad de Ciencias Políticas
y Sociales de la
Universidad Autónoma de Querétaro.



| Movilidad Académica |
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| Jueves, 08 de Julio de 2010 00:48 |
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OPINIÓN INVITADA ¿Cómo iba a hablar de la pobreza en mi país cuando más de 22 mil paisanos no tuvieron empacho en desembolsarse por lo menos poco más de 120 mil pesos en ir a ver a los ratones tricolores a uno de los países más lejanos de nuestro terruño? Si no me salen mal los números, conservadoramente hubo una erogación aproximada dos mil 640 millones de pesos, que no es una cantidad pequeña. Luego, en esta misma tónica de las crisis económicas, pensaba en escribir sobre la crisis laboral, la dualidad empleo/desempleo, no sólo del país, sino en nuestro mismo y bien amado estado, no me cuadran los números cuando en la TV y los espectaculares se “informa” que ya se alcanzó la meta de 16 mil “nuevos empleos”, pero no se oculta la cifra de las cuántas y tantas demandas por despidos injustificados (y prácticamente masivos) en diferentes dependencias y empresas se han turnado a la laberíntica congeladora de la burocracia jurídica. Sin embargo ¿cómo hablar de crisis laborales si a la hora del juego de los ratones tricolores se paraliza el país por cerca de media jornada? ¿A cuánto equivale suspender media jornada de trabajo? Una hora antes, dos horas de juego y una de sobremesa. ¿Desempleo? ¿Crisis económica? ¿Trabajo para todos? ¡Qué va! “! ¡Vámonos a los chelaquiles (sic) que la casa paga!”. Entonces decliné ese tema por escribir, mas seguí pensando, si los diputados locales, por ejemplo, ganan aproximadamente entre 70 y 90 mil pesos mensuales, dos mil 500, tres mil pesos diarios, serían mil o mil 600 pesos por una sesión de TV ratonera. Ahora, estos pesos multiplicados por 25 diputados locales (15 de mayoría y 10 pluris), bueno, ya suman un aproximado de entre 60 y 70 mil pesotes que no es una cifra menor, más aún si lo multiplicamos por tres, que fueron los partidos de los ratones entre semana, entonces ya estamos sobre el número de entre 180 y 210 mil pesotes mundialistas en una quincena Sobre todo si consideramos estos números con el equivalente a salarios mínimos y a las cuotas de impuestos pagadas quincenalmente por cada uno de los ciudadanos honestos que cumplen con ese deber cívico, para que se les pague a estas celebridades de la democracia nacional. Mi pensamiento se extendió y a sabiendas de que hay instrucción explícita, desde “bien arriba”, de que todos los trabajadores, por ejemplo, de Gobierno del Estado, tuvieron permiso de ver los partidos del tricolor, entonces ya me dio susto sacar cuentas. Porque si consideramos que en esta institución pública hay poco más de cinco mil empleados, y si a todos se les autorizan la media jornada, pues ya los números dejan de ser una bicoca de “caja chica”, para pasar a ser un gasto público preocupante, sin contar el gasto de instalación de carpas, renta de las mega televisiones con su mega equipo de sonido, todo en diferentes puntos “estratégicos”. A esto habría que añadir los operativos de seguridad, protección civil, paramédicos, ambulancias y bomberos, por aquello de que, hipotéticamente, ganasen los deportistas de las patadas televisivas y las masas se tornaran fanáticamente intensas. ¿Crisis económicas? ¿Desempleo? ¿Austeridad? ¿Realmente tenemos idea de lo que representan estos conceptos? Por supuesto que sí. Los padecemos en el día a día. Pero ¿con qué calidad moral nos atrevemos a hablar de ello cuando más de medio planeta está a merced de los intereses mercantiles globalizados de la televisión y los próximos procesos políticos electorales? Calígula, emperador romano, no le importó que de él se construyera el recuerdo de haber sido un gobernante tan sanguinario como perverso; si eso lo inmortalizaría. “No importa que hablen mal o bien de mí, lo importante es que hablen de mí…”. Principio que, a la fecha, se aplica para inmortalizar a la política y al futbol. Por eso no quise escribir de eso, pero la inercia. De hecho, empecé a escribir de Karl Marx, filósofo y visionario de su época, a mediados del siglo XIX, a propósito de su polémica tesis intitulada: “La religión es el opio de la sociedad”. La religión en sí misma no es “el opio de la sociedad”. La religión, léase espiritualidad, es un acto intrínseco, indispensable a lo humano. La crítica marxista apunta más bien al uso de control y manipulación, que los ministros de la religión hacen sobre sus feligreses: engañarles con las llamas del infierno, ordenarles temerle a Dios, la salvación trabajar, trabajar y el diezmo como bono reembolsable para “un palco” en el paraíso del más allá, cuando llegase el día del juicio final de cada quien. Eso fue lo que, a mi entender, Herr Karl Marx, criticaba de su época y trataba de alertar a las masas para que dejara de ser objeto de explotación. Así, y en realidad, quería escribir de cómo es que en el siglo de la postmodernidad, ya la religión perdió muchos puntos en su protagonismo de eficaz control con amenazas infernales. Ahora, y sin duda, “El futbol es el opio de la sociedad”. De igual manera, el futbol, aunque en sí mismo, sólo es un deporte y nada más, sus ministros, léase televisoras (vehículo), trasnacionales (objetos adquiribles) y locutores (voceros) generan opinión e inventan necesidades; producen “verdades líquidas” que fincan su fortaleza en el consumir compulsivo. Logran que la humanidad se haga cada vez más adicta al consumo permanente, sin sentido ni razón, de los más variados e insólitos artículos, materiales y no materiales. Antes y en los tiempos de Herr Karl Marx, la Inquisición y el infierno era el terror y la palabra de sus ministros era ley, incluso por encima de la realeza en turno. Ahora ya casi nadie teme a las llamas eternas del infierno, ahora, el infierno postmoderno es no tener tal o cual artículo (la verde y la negra y la blanca), no estar en el lugar “de todos” (en El Ángel), y no compartir tal o cual valor nacional (la Selección “que también es México”). Ahora, con el Mundial y los medios, queda al descubierto cómo es que las masas (de más de la mitad de la humanidad) no piensan, no les place hacerlo, sólo mecánicamente obedecen La Palabra de un nuevo Dios Todopoderoso: TV /FIFA / Coca-Cola, siendo el deporte uno de sus hijos, el crucificado. Iba a escribir acerca, del “opio de la sociedad postmoderna”, pero me acordé de Calígula y, aunque ya lo hice, preferí dar un giro de último momento y, para no ahondar en el deporte de las patadas, escribí sobre la Movilidad Académica (promoción pensada y hecha para estudiantes y profesores en aras de consolidar el desarrollo académico) y el placer del ser universitarios y poder viajar a otra universidades y cristalizar la ilusión de encontrar, en otros recintos del conocimiento, nuevos discursos y nuevas personas con quienes se puedan intercambiar ideas. Sin embargo, y por efectos colaterales del “opio de la sociedad”, la escritura me llevó a dar cuenta de cómo fue que hace poco más de un mes, en la ciudad de Monterrey, un estudiante de la UNAM le apostó a este proyecto de la Movilidad Académica, para estarse en la UANL por un semestre, sorpresa se encontró cuando un día del mes de mayo, al salir de clases, fue secuestrado y dos días después, asesinado. Hechos del cotidiano regiomontano. Así, lisa y llanamente, todo quedó manejado en “bajo perfil”: el Mundial ya se acercaba y la lista de “los 23” todavía no se definía, los ratones quieren ser campeones, y el recién electo gobernador de Nuevo León acababa de organizar y presidir “la marcha de la paz”, en desagravio de los dos estudiantes baleados, a fuego cruzado, dentro de las instalaciones del ITESM campus Monterrey, entre narcos y el Ejército. Mientras el opio de la sociedad se distribuye alegremente, uno hasta cree que va a escribir algo que alguien va a leer. ¿Qué cosas, no?
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